lunes, 20 de noviembre de 2017

Nuevas cautividades en un mundo viejo

Quizás estemos ante una de las situaciones de injusticia mayor de toda la historia por la cantidad y por la calidad de la misma. Hoy se hace muy difícil vivir con la conciencia lastrada por tantas injusticias. Por eso, la redención de cautivos, ayer y hoy, es una obra caritativa de primer orden, pues el cautiverio no es el orden natural del ser humano en este mundo, aunque sí sea el orden habitual de una parte de la humanidad bastante considerable desde que surgen las grandes civilizaciones hace aproximadamente 5.000 años. El cautiverio fue un instrumento para obtener diversidad reproductiva en los clanes paleolíticos o para conseguir monedas de cambio con otros grupos. Pero fue durante la constitución de las grandes civilizaciones cuando la cautividad empezó a ser utilizada para la obtención de mano de obra. Todos los imperios han necesitado de esta estrategia para generar suficiente mano de obra cuando en sus propias poblaciones no era posible encontrarla, sea porque la escasez de la misma empujaba a su búsqueda allende las fronteras, sea porque la penuria de los trabajos a realizar exigiera de prudencia a la hora del uso de los propios habitantes y aconsejara el uso de otros seres humanos para ello. Así, la cautividad fue utilizada en todos los imperios para proveer de mano de obra esclava para la realización de las tareas gravosas o bien para la simple y pura reproducción material del imperio. La guerra era el medio habitual para conseguir esta mano de obra, aunque el sistema de endeudamiento también cubría una parte de esta necesidad. Lo vemos en el Imperio romano, pero también lo podemos ver en el surgimiento de la sociedad moderna, cuando el comercio de esclavos será la garantía del rendimiento de las tierras del Nuevo Mundo y de las bolsas de valores del Viejo.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Desarrollo humano integral

La propuesta del Papa Francisco en su encíclica Laudato Si' del Desarrollo Humano Integral no es, como algunos acusan, un prurito de los tiempos que el Papa habría adoptado de una manera un tanto esnob. Es una propuesta estructural y sistemática de transformación social y personal que debe llevar a la humanidad y a cada ser humano concreto a un estadio de desarrollo humano compatible a la vez con las verdaderas dimensiones que construyen lo humano y con la estructura natural de nuestro planeta. Pues, el desarrollo humano es un concepto que en el sistema económico y social vigente queda reducido a la ampliación de los bienes y servicios de los que disfruta la población desde un punto de vista meramente cuantitativo, que ni tienen en cuenta las necesidades humanas, ni las carencias de una parte de la población, y tampoco el sostenimiento del medio natural que sustenta tal desarrollo. Se trata de un desarrollo inhumano e insostenible, por ser un mero subproducto de un sistema productivo que tiene como guía única la reproducción ampliada del capital y la generación de lucro sin reparar en los costes que este lucro puedan generar para la humanidad y para el medio natural. El desarrollo sostenible, un eufemismo creado por la industria publicitaria del capitalismo verde, es, en sí mismo, un oxímoron. Dadas las actuales condiciones de producción capitalista, es imposible que cualquier desarrollo sea sostenible. Solo será sostenible un desarrollo humano que se salga de los patrones del capitalismo neoliberal, abandonando el productivismo, el consumismo y el lucro como motor económico, y proponiendo la satisfacción de necesidades, el intercambio personal y la limitación de los apetitos como criterios a la vez humanizadores y respetuosos con el medio natural.

Desde la Comisión de Justicia y Paz de Murcia hemos querido generar conciencia y debate sobre esta temática y por eso hemos organizado las I Jornadas de Doctrina Social de la Iglesia en Murcia, que llevan por título la propuesta de Francisco en Laudato Si', Desarrollo Humano Integral. Se desarrollan entre el lunes 6 y el jueves 9 de noviembre, alternando como sedes el Instituto Teológico de Murcia OFM y el Centro Loyola de Murcia. Contamos con Sebastián Mora, secretario general de Cáritas española para disertar sobre los retos de la desigualdad para el desarrollo humano integral. Su conferencia será el lunes 6 a las 19:30 horas en el Instituto Teológico. El martes, César Nebot, economista, dará claves para la transformación de la economía en vista a un desarrollo humano integral. Será en el Centro Loyola de Murcia, también a las 19:30 horas. El miércoles contamos con nuestro Consiliario y Delegado episcopal de Enseñanza y Catequesis de la Diócesis, José Ruiz García, para desarrollar el tema del desarrollo humano integral en el Doctrina Social de la Iglesia, en el Instituto Teológico de Murcia. Y, por último, el jueves, en el Centro Loyola, Pedro Jesús Fernández, politólogo y ambientalista, aportará una visión de compromiso ambiental para nuestro tiempo.

lunes, 23 de octubre de 2017

Tambores de guerra

En lo que va de año, el índice Standars & Poor's de la industria aeroespacial y defensa ha subido un 31.5 %, frente al 12.5% de la subida del índice general de S&P. Esto necesita de alguna explicación. La lógica de los mercados financieros nos dice que cuando un sector sube es porque se espera que haya beneficios futuros o porque se está especulando con él. En este caso se producen ambas circunstancias y una más que paso a explicar. Los mercados financieros son el lugar por excelencia de la avaricia humana, pero también son la capital del miedo. El dinero es muy miedoso y si atisba algún tipo de riesgo huye como alma que lleva el diablo. Pero, lo peor para el dinero no es el peligro de perderlo, es el riesgo de no obtener lucro, pues el dinero creado como deuda sobrevive gracias a su reproducción constante. La Reserva Federal americana y el Banco Central Europeo no cesan de crear dinero como deuda a partir de la nada, nada lo soporta, no hay ningún valor objetivo que dé sustento a los varios billones de dólares y euros creados materialmente de la nada, como simples apuntes contables en el banco. Este dinero necesita crear su propia consistencia mediante su inversión productiva, con escasa rentabilidad para la avaricia de los mercados, o mediante su inversión especulativa, más provechosa a corto plazo. Esto es lo que están haciendo los mercados.

El dinero ocioso, creado por los bancos centrales para que los bancos comerciales rellenen sus agujeros contables, busca inversiones de alta rentabilidad para sostenerse en la nada de su origen. Un 10% de media en las inversiones habituales no es suficiente, de ahí que se lancen al sector que ven más dinámico, ese sector es a día de hoy la defensa, eufemismo que quiere decir la guerra. La guerra es una inversión segura, pues supone crear destrucción que luego habrá que reconstruir. Invertir en armamento, inteligencia militar y otras industrias anejas, no deja de ser un acto performativo, pretende crear aquello que propone. Sin inversión militar no hay guerras y sin guerras no hay inversión militar. Esto es lo que vemos que está sucediendo en 2017, la rentabilidad de los mercados es demasiado escasa para tanto dinero que hay en circulación sin base material y que busca crear su propia realidad. Eso explica el 31.5% de aumento del sector de la guerra en diez meses, una rentabilidad estratosférica que solo tiene dos salidas: o hay guerra a gran escala para materializar las inversiones, o revienta la burbuja y el dinero salido de la nada a ella regresa. Ambas salidas son malas, pero, qué queréis que os diga, prefiero la segunda, aunque me temo lo primera.

lunes, 16 de octubre de 2017

La (i)racionalidad de los mercados financieros

El mes de octubre es un mes muy señalado en la larga historia de las crisis financieras del capitalismo, especialmente en el capitalismo globalizado. La crisis de 1929 fue en octubre, después tuvimos un largo periodo de calma financiera tras la aplicación de las políticas keynesianas de control de las finanzas y la economía en general, pero los ochenta son otra vez los años de la fiesta, así les llaman los brokers. Para ellos es fiesta el hecho de que no haya controles y que todo el mundo pueda especular a sus anchas, generando grandes riquezas que, por definición, las acumulan unos pocos. Ahora bien, esas riquezas tienen su contrapunto: la pobreza generalizada, sea de los habitantes del planeta o sea de la misma naturaleza. Generar riqueza por especulación es una forma de robar a las generaciones futuras y al propio planeta.

El mes de octubre, decía, es un mes señalado en el calendario del capitalismo neoliberal. Tenemos varias crisis recurrentes que se han producido en octubre: 1987, un año después del big-bang day (el 27 de octubre de 1986 es llamado así porque fue el día en el que empezaron a actuar de forma conjunta los distintos mercados financieros internacionales, bajo el aupicio de la ínclita Margaret Thatcher), ya tuvimos una crisis financiera, también en 1996 y en 2000, así como la última hasta la fecha de 2008. No voy a entrar en las causas de que sea este mes, porque eso nos llevaría a una larga digresión sobre funcionamiento de las financias y cuestiones psicológicas que no nos interesan de momento. Lo que interesa es que de forma recurrente, el neoliberalismo capitalista genera crisis financieras que afectan a la economía. No se trata de un elemento que podamos obviar, pues es algo consustancial a la propia organización. Sin embargo, siempre, absolutamente siempre, cuando llega una recuperación tras la crisis, los expertos, y el público en general, piensan que fue la última. Así lo han estudiado dos grandes economistas, Carmen M. Reinhart y Kenneth S. Rogoff en una obra imprescindible para entender lo que viene: Esta vez es distinto: ocho siglos de necedad financiera. Ahí estudian cómo cada vez que llega una recuperación, todos los gurús económicos afirman que ya no volveremos a la crisis y que se inicia, invariablemente, un proceso que suelen denominar como círculo virtuoso. Así lo podemos leer en el comunicado de prensa del FMI del pasado 14 de octubre.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Por el so(en)terramiento del AVE

Son muchos los años que los vecinos de Murcia, sobre todo los afectados, vienen pidiendo el soterramiento de las vías del tren a la entrada a la estación de El Carmen de Murcia. El trazado de la vía divide una parte importante de la ciudad y supone un peligroso punto de paso que ya se ha cobrado muchas vidas. Esta reivindicación es legítima y debería haber sido atendida hace mucho tiempo, pero los distintos gobiernos, de ambos signos pero con preponderancia del Partido Popular tanto en el gobierno regional como en el nacional, han hecho oídos sordos. Es más, podemos decir que se han reído de la gente al hacer promesas, generalmente electorales, que nunca se han cumplido. Se aplica aquí el dicho popular de "prometer hasta meter", la papeleta en la urna. Con esto ha sucedido en Murcia como con el agua para todos, que más bien ha sido un agua para tontos. Sin embargo, estas mentiras constantes de los políticos deben pesar en el haber de una ciudadanía, la murciana, pasiva y complaciente, que ha llenado las urnas a la par que se vaciaban las arcas públicas. Habría que pensar que cuando doy mi voto adquiero la parte alícuota de responsabilidad y culpabilidad por las políticas aplicadas por el partido elegido. Dicho en román: tenemos lo que nos merecemos.

Pues bien, la cuestión del AVE a Murcia es una más de las muchas en las que el gobierno de la nación nos ha ninguneado de forma sistemática y se ha reído de nosotros sin ningún miramiento. Somos la séptima ciudad de España y aún no tenemos AVE, mientras ciudades que apenas cuentan con el 10% de la nuestra lo tienen desde el principio. Se nos prometió tarde y se nos ha proyectado mal. El AVE a Murcia llegará desde Alicante, no desde Albacete, un rodeo de 100 Km que alarga innecesariamente el trayecto. Murcia no ha merecido un AVE directo aprovechando la línea tradicional que nos une con Madrid. Para ir a Madrid desde Murcia en AVE habrá que pasar por Alicante, Albacete, Cuenca y la provincia de Toledo. Un recorrido de 2 horas y media, dicen, que da un rodeo significativo. Un AVE Murcia-Madrid directo apenas tardaría una hora y media. Y con esto nos hemos conformado. Nuestros políticos, todos, lo han apoyado, por ser la única opción de que llegue pronto, aseguran, a Murcia. Este AVE es un despropósito que además entrará a Murcia en superficie, perpetuando la división de la ciudad y convirtiendo la zona sur en un gueto extra muros.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Aviso de incendio

Angelus Novus, Paul Klee.
Hay un libro precioso que lleva por título Walter Benjamin: Aviso de incendio, de Michael Lowy, donde hace una lectura de las Tesis sobre el concepto de historia del autor alemán. Como es conocido, Benjamin tiene una visión pesimista sobre la historia. La imagen que nos deja es la del Angelus novus de Klee, un ángel que mira despavorido el resultado del montón de cadáveres que es la historia humana. Si miramos la historia desde una dimensión puramente cuantitativa, no vemos otra cosa que dolor y sufrimiento por doquier. La cantidad de seres humanos que en cualquier momento de la historia ha sufrido opresión o injusticia siempre es mayor que el número de seres humanos que han vivido con dignidad. Hay que sumar, además, que muchos de los que vivían o vivimos con dignidad lo hacemos en detrimento de aquellos cuyas condiciones de vida son deplorables. Es decir, el mal de muchos es causado por el bienestar de pocos. Esto es un hecho irrebatible a la largo de la historia. El pecado, hablando en términos teológicos, abunda más que la gracia de manera cuantitativa. Otra cosa es lo cualitativo, que hablaremos después. La injusticia, la opresión y el mal son más abundantes que el bien.

Hagamos un breve recorrido por la historia humana desde que se constituyen las grandes civilizaciones hace unos 5.000 años. Estas civilizaciones se han constituido como grandes pirámides donde una amplia base de población explotada ha sostenido a una pequeña cúpula social que se podía permitir vivir con exceso. Así fue en Egipto y en Mesopotamia, pero también en China y la India, o en el imperio Inca. Todas estas civilizaciones se han organizado como estructuras de opresión e injusticia, en las que entre el 70 y el 80 por ciento de la población vivían en la pobreza o directamente en la miseria. Tenemos datos históricos suficientes, sobre todo de épocas como el imperio de Roma, el último gran imperio antiguo. Entre los esclavos, los colonos y los colonizados, más de tres cuartas partes de la población vivían en lo que los evangelios llaman penes o ptoxoi, es decir, pobres o miserables. La esperanza de vida de estas personas estaba en 35 años, la media, aunque muchos podían superar los 50 y llegar incluso a 70, pero las tasas de mortalidad infantil, debido a la carencia de alimentos, eran muy altas, y las enfermedades derivadas de carencias alimenticias estaban a la orden del día: ceguera y sordera por falta de vitaminas, tullidos por escasez en fases tempranas de desarrollo y poseídos por episodios de estrés postraumático debido a las acciones militares del Imperio.

miércoles, 16 de agosto de 2017

La verdad libera, pero no salva.

La verdad del mundo se muestra en medio del sufrimiento. Como entendiera San Pablo, en la cruz de Jesús se hace patente aquello en lo que los hombres han convertido el mundo: un lugar de sufrimiento injusto para quienes se proponen vivir la plenitud que Dios quiso para todos los seres humanos. Pues, mientras unos pocos viven en medio de los lujos más obscenos, millones, miles de millones han de sufrir las carencias más lacerantes; estas carencias son el reverso dialéctico imprescindible para aquellos lujos. El lujo eterno de unos pocos, del que habla Lipovetsky, es la imagen especular invertida de la miseria infinita de la mayoría. Por este motivo, y solo por este motivo, la cruz es el camino de salvación. La verdad, nos dice Pablo, libera, pero no salva, nos salva la cruz, porque en ella comprendemos la verdad, que es la mentira de este mundo construido por los seres humanos, porque ahí se expresa el amor más profundo que el ser humano puede experimentar: el amor comprometido hasta la entrega suprema de la propia existencia.

Ahora bien, ¿qué significa la salvación y qué significa la entrega suprema? Para los seguidores de Jesús de Nazaret, la salvación es lo que Jesús vivió. Nos salva su experiencia extendida a través del tiempo por sus seguidores en cualquier lugar del mundo. En Jesús, los primeros seguidores y las comunidades creadas después por ellos, experimentaron la respuesta de Dios ante lo que tipificaron como el pecado de este mundo. Se trata de lo que hoy llamamos la injusticia. El pecado del mundo es que pudiendo vivir todos en fraternidad universal, lo hacemos en lucha constante por el dominio. La sociedad se estructura mediante una ruptura entre una élite que se apropia de la mayoría de los bienes sociales y el resto que ha de pelear por obtener una parte mínima. Esto lleva a una violencia estructural que genera la injusticia y, como advirtiera Pablo, encubre la mentira, pues la mentira es el recurso estructural del orden injusto para legitimarse ante los seres humanos.

La salvación que experimentamos en Jesús, siguiendo la tradición hebrea, es que el orden del mundo puede guiarse por una fraternidad global. Ser salvo es estar en comunión con un orden social y natural fraterno; es no caer en la lucha por el dominio o, como se diría hoy, por la hegemonía; es vivir la plenitud de la existencia en armonía con la naturaleza y en paz social, pero una paz que, como dice la Escritura, brota de la justicia, no de la imposición, como es la pax romana que padeció Jesús y en cuyo altar fue crucificado. De esta manera, la cruz es la patentización suprema de la injusticia estructural que somete por la violencia a la mayoría de las personas y a la naturaleza para que unos pocos que rigen los destinos humanos pueden vivir según sus apetencias, no según la fraternidad universal.

miércoles, 28 de junio de 2017

Tohu wa vohu. Caos y desolación.

La acción política está determinada por las circunstancias. Se suele decir que la política es el arte de lo posible, no de lo que nos gustaría o de lo que desearíamos; deseos y gustos no pueden determinar la política, pues esta implica demasiados actores y demasiadas situaciones que escapan a la subjetividad de los implicados en la acción política. Esto ha sido así desde siempre, la política no está determinada, por desgracia, por la ética, por ninguna ética. Maquiavelo invitaba al príncipe que quisiera fundar un Estado a no tener ningún miramiento con deseos personales, a no ser que fueran los suyos propios, pues, dice, la naturaleza perversa de los hombres es el verdadero impedimento para la existencia de un Estado como tal. Desde esta concepción, la sociedad política solo puede existir si se aplacan los deseos individuales y si se someten las voluntades. De esta manera, lo que no sería sino un gran caos, se convierte en un Estado ordenado donde los hombres pueden vivir en paz. Así lo dicen Maquiavelo y Hobbes, pero también todos sus sucesores, aun hoy día. 

Sin embargo, en los últimos treinta años estamos asistiendo a la inversión del proyecto, al menos del proyecto nominal. En lugar de pretender crear un orden a partir del caos primordial humano, lo que constatamos es el empeño de crear un caos constante en el orden mundial con el fin último de que uno, y solo uno de los Estados perviva. No se trata ya de luchar contra la perversión natural del ser humano, sino de evitar que el anhelo de paz y armonía de otros Estados no perturbe la paz propia. No se trata de ir a la guerra para conseguir más recursos o riquezas, o bien para evitar un conflicto mayor, se trata de generar un estado de guerra constante que impida que otros consigan el estatus político que el imperio actual ha conseguido. Es decir, evitar que otros países tengan Estados que protejan a sus ciudadanos y sus recursos. Estados Unidos, como representante del Imperio Global Posmoderno, ha llegado a la conclusión de que solo puede subsistir si crea un espacio de caos social que impida que otros accedan a los recursos y se postulen como Estados con los mismos derechos que el Imperio. Para ello, lo primero era destruir el orden mundial instituido en Westfalia en 1648.

La Paz de Westfalia supuso el comienzo del orden mundial que ha regido hasta el 11 de septiembre de 2001. Aquel orden se inspiraba en cuatro principios: 1. Soberanía absoluto de los Estados-Nación; 2. Igualdad jurídica de estos Estados; 3. Cumplimiento de los tratados; y 4. No injerencia. Estos principios, aunque hayan sido violados de forma encubierta, han regido los destinos políticos de Occidente desde 1648 y han permitido la proliferación de Estados-Nación soberanos que respetan formalmente a otros Estados y no se inmiscuyen públicamente en sus asuntos internos. Este orden mundial se quedó muy pequeño a Estados Unidos, de ahí que el Proyecto para un Nuevo Siglo Americano de los Neocons americanos proyectara remover todo lo que impedía a EE.UU ser la gran potencia que debía ser. Lo primero que había que remover es el mismo orden internacional y para eso fue necesaria su demolición controlada el 11 de septiembre de 2001. Mediante un atentado con bandera falsa, EE.UU se vio legitimado para saltarse ese orden internacional de más de trescientos años y atacar en invadir dos países que ni le habían atacado ni eran responsables de los hechos imputados. Estados Unidos se erigió en fiscal, juez y verdugo de los que él mismo determinó como sus enemigos. Roto este orden internacional podía permitirse crear uno nuevo, un orden unipolar con una realidad imperial en solitario que impusiera al resto del planeta lo que debía hacer. Pero este orden no tiene otra finalidad que el caos organizado.

lunes, 19 de junio de 2017

El nuevo (des)orden mundial

El big-bang day del nuevo (des)orden mundial debe ser considerado con total exactitud el 11 de septiembre de 2001. Los casi dieciséis años que han pasado nos permiten una perspectiva suficiente para poder atribuir a aquel evento el comienzo de un nuevo orden mundial que las élites extractivas globales dieron comienzo, que venía gestándose desde el 9 de noviembre de 1989, pero que tuvo su verdadero comienzo en 1947 cuando Hayek creó la Sociedad Mont Pelerin, nombre puesto en honor al monte suizo donde, desde entonces, se reúnen. Si ponemos todos estos acontecimientos en orden obtenemos un flecha que apunta directamente al orden mundial que se está gestando y que acabará, irremediablemente, en la destrucción de la humanidad tal y como le hemos conocido en los últimos quinientos años. ¿Cuál es la necesidad de este proceso en sentido hegeliano? Lo vemos en tres pasos.

En primer lugar, cuando Hayek reúne a los más importantes economistas liberales para "liberar" al mundo del keynesianismo, lo hace guiado por altas ideales, sí, pero también financiado muy bien por las corporaciones que ven como sus beneficios van a parar en buena parte al Estado que los utiliza para inversiones públicas y gasto social con el fin de paliar los males del crakc de 1929. La idea es ir creando un nuevo consenso económico y social alrededor de la ideología liberal, lo que después sería el neoliberalismo, sobre la escuela económica de Chicago. Desde esta universidad americana y los satélites que se crearán en otras a lo largo del mundo, como la facultad de economía de la Universidad Católica de Chile, se va a extender la ideología neoliberal que tiene tres puntales de apoyo. El primero es que lo público es malo, hay que privatizar tanto como se pueda. Lo segundo es que las leyes constriñen el desarrollo económico, hay que desregular la economía y, en general, la sociedad. Sin leyes, la riqueza fluye mejor. Y tercero, hay que reducir el Estado al máximo, por tanto, es necesario eliminar el empleo público y las funciones administrativas. Este proyecto se impuso como consenso económico y social en las décadas de los sesenta y setenta, hasta que se aplicó de forma sistemática desde la década de los noventa en el mundo entero.

Una vez implantado el proyecto en los departamentos de economía de Occidente y financiadas suficientes campañas de desprestigio del proyecto keynesiano, se hacía imprescindible un segundo paso. La tasa de ganancia, a pesar de revertir parte de lo público hacia las ganancias del capital, seguía en descenso y eso solo puede compensarse con la inclusión mercantil de una parte del mundo que estaba excluida de la rapiña capitalista: el bloque soviético. Tras quince años de embestidas y una nefasta gestión económica por parte de los gobernantes soviéticos, la experiencia del Socialismo Real se hunde y varios cientos de millones de personas y una enorme cantidad de recursos naturales quedan dispuestos para la explotación capitalista. Durante diez años se integró todo el bloque soviético en la economía capitalista, mientas que China, que aprendió en cabeza ajena, inició el camino al capitalismo por sus propios medios. Ahora sí que el capitalismo tenía todo el mundo a su disposición y la forma más rápida de crear beneficios y apropiarse de todo es mediante la especulación y las burbujas de todo tipo, que se sucedieron entre 1987 y 2001. Sin embargo, los recursos dieron muestras de sus límites y los beneficios también. Con una población de 6.000 millones a comienzos del siglo XXI y una perspectiva de 10.000 millones en 2050, el mundo está determinado hacia una carestía de recursos o una destrucción de la población. Aquí llega el tercer momento.

martes, 23 de mayo de 2017

La Caridad bien entendida

Se repite de forma cíclica la situación de hambrunas en África. Es como si hubiera caído una maldición sobre aquella tierra que le impide salir de la miseria y reiteradamente cae en los peores sufrimientos que puede soportar la humanidad. Lo vimos en 1984, en Etiopía, cuando millones de personas cayeron en la mayor hambruna que asoló la Tierra. Lo hemos visto en los noventa y ahora, en 2017 cuatro hambrunas amenazan con llevarse por delante a 20 millones de seres humanos. Son muertes, todas, evitables, porque no son causadas por una circunstancia sobrevenida (inundaciones, terremotos, etc.), lo son por circunstancias que desde hace una año viene denunciando UNICEF y otras ONG que trabajan en la zona. África no es un continente pobre, es un continente empobrecido. Es el continente más rico en recursos naturales, tanto del subsuelo como en la cobertura forestal. Posee las mayores reservas de oro, piedras preciosas y metales raros de todo el mundo. En África están los mayores bosques originarios y cuenta con las tierras más fértiles del Planeta, junto con abundante agua dulce. Entonces, ¿cuál es el motivo de estas hambrunas reiteradas? El motivo es, paradójicamente, su riqueza.

África ha sido un continente deseado y expoliado desde el siglo XV. El comercio primero fue el de esclavos, que hizo a Inglaterra la más poderosa nación de la Tierra. Después vino la colonización directa, aprovechando tanto los recursos naturales como la fuerza de mano de obra autóctona. Tras la descolonización vino la neocolonización. Las empresas transnacionales y los países enriquecidos se han apropiado de todo lo que tenga algún valor en África. Para que las riquezas africanas puedan ser saqueadas hay que evitar la constitución de estructuras políticas estables, de ahí que se incentiven guerras, golpes de estado e inestabilidad por doquier. Mediante la corrupción se controla a los políticos de los países formalmente democráticos y donde no se puede corromper a los políticos se monta una guerrilla "rebelde" que crea una guerra que impide el desarrollo del país. Otro motivo para destruir África es que si África se desarrollara al nivel de Europa, y eso sería algo sencillo pues poseen cien veces más recursos y son una población joven y relativamente escasa, África consumiría sus propios recursos y no podrían ser expoliados. Cuando un país posee grandes recursos, la forma de obtenerlos es destruir las estructuras políticas.
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