miércoles, 15 de marzo de 2017

Corrupción y postverdad

Este jueves 16 de marzo, a las 19:30 horas, en el Salón de Actos del Instituto Teológico de Murcia, presentamos La corrupción no se perdona, con Xabier Pikaza y Francisco Martínez Fresneda. Dejo aquí una definición de corrupción y cómo, en los tiempos de postverdad, quiere ser diluida entre un nominalismo fatuo.

El término corrupción puede ser definido según a quien acudamos para la definición aunque tienen sentidos comunes. Según la RAE, corrupción es la acción de corromper o corromperse, especialmente en los gestores públicos que usan los bienes públicos en beneficio propio o de otros[1]. Transparencia Internacional nos da una definición similar de corrupción: “el abuso de poder otorgado para obtener un beneficio privado”. Como vemos, el principal significado que tenemos de corrupción es la utilización de lo común para beneficio privado en detrimento del bien común. Pues bien, esta es la etimología precisamente del término corrupción. Del latín corruptio-onis, que proviene de la unión del prefijo Con-, por asimilación Cor-, que proviene de junto, globalmente, común (en griego Koiné), y la raíz rumpere, quebrar, partir, hacer estallar, romper. Se añade el sufijo –tio, acción de o efecto de, y tenemos el significado original de corrupción: acción de romper lo común, ruptura del bien común, quebranto en las cosas comunes en función de bienes privados o particulares[2].

Es importante que tengamos una correcta definición del término, pues de lo contrario nos podremos ver en la tesitura de no saber exactamente qué decimos cuando la usamos. Un corrupto es aquella persona que rompe el bien común para usarlo en beneficio privado, sea para ella o para otros, sean beneficios materiales, económicos o de otra índole, o bien sean beneficios sociales, como el estatus o la posición social. En todo caso, la corrupción implica una ruptura de lo que nos constituye como sociedad, de los vínculos que nos permiten ser personas en relación con otros seres humanos y hasta con el resto de seres vivos. La corrupción afecta a todo lo que destruya los bienes comunes que nos permiten ser sociedades estables, también los bienes naturales que son, por definición, comunes a todos. El bien común, elemento fundamental y fundante de toda sociedad, es el que se ve afectado por la acción corrupta. Todo acto, por tanto, de apropiación privada de bienes comunes, toda privatización de lo común, es un acto de corrupción, pues rompe lo común y lo convierte en privativo de una persona o un grupo. De ahí que la corrupción afecte estructuralmente a la sociedad y tenga efectos perniciosos sobre el conjunto social.

domingo, 12 de marzo de 2017

Sal de tu tierra... Y me acogisteis.

En la tradición judeocristiana hay una realidad que se repite sin cesar. Como leemos en el libro del Génesis, Dios quiere tomar un pueblo sacándolo de su realidad para llevarlo hacia un lugar distinto con el fin de crear una realidad nueva. El mandato a Abraham "Sal de tu tierra" es un mandato que se extiende a lo largo de la historia. Debemos, siempre, salir del lugar de confort en que estamos instalados para ir hacia la realidad nueva querida por Dios. Por eso, Jesús, en esta misma línea, dirá aquello de "Fui extranjero y me acogisteis". Se trata de uno de los criterios del juicio que Dios realizará a cada uno de nosotros el día del Juicio Final. La acogida del extranjero nos identifica como siervos de Dios. De ahí que esté presente de forma constante en la Biblia. La acogida del extranjero, del emigrante, del que está de paso, es algo esencial en la tradición semítica. Lo vemos perfectamente reflejado en los textos del Antiguo Testamento y con total claridad en el famoso pasaje de Mateo 25: “fui extranjero y me acogisteis”. La acogida del que no forma parte de nuestro pueblo o de nuestro entorno no era algo absolutamente usual en el mundo antiguo. El extranjero no tenía derechos y podía ser sometido a esclavitud, sin embargo, en la tradición hebrea, el extranjero se ha convertido en una especie de enviado del mismo Dios. Las palabras con las que se justifica en el Antiguo Testamento la necesidad de la acogida hacen referencia a la propia historia del pueblo de Israel: “recuerda que fuiste extranjero”. Abraham dejó su tierra y la casa de su padre para ir a un lugar distinto donde fue extranjero. Acoger al extranjero es, por tanto, una forma de recordar quiénes somos y de dónde venimos. El pueblo de Israel es hijo de un arameo errante que bajó a Egipto. Allí fue esclavizado, en lugar de recibir atención como un ser humano más. Pero Dios escuchó el lamento de su pueblo esclavizado en Egipto y bajó a liberarlo. Este es el núcleo del Antiguo Testamento que hemos heredado por medio de Jesús los cristianos. El pueblo hebreo y la tradición cristiana es consciente de este origen de la fe. Dios tomó a un grupo de nómadas semitas, extranjeros oprimidos en tierra extraña, para hacerlos su pueblo, constituir con ellos una realidad alternativa al orden mundial. El nacimiento de los grandes imperios en Mesopotamia y Egipto supone el auge de un mundo marcado por la injusticia y el pecado estructural. Como alternativa a este mundo de pecado, Dios toma el deshecho social, los descartados por el mundo, los extranjeros, para hacer de ellos su pueblo y constituir en medio del mundo una realidad distinta de gracia y misericordia.

Los textos del libro del Éxodo y del Levítico son muy claros: Dios toma un grupo de nómadas esclavizados, los saca de la esclavitud y los lleva a un lugar donde pueden vivir una situación radicalmente opuesta. Pueden crear una comunidad donde rijan la misericordia y la justicia. Así se intentó, pero pronto cayeron en el mismo pecado estructural del mundo de los imperios: corrupción, opresión, injusticia y muerte. De ahí que se dieran leyes como el Año Sabático y el Año Jubilar para que periódicamente se retornara a la situación de inicio, se repartieran las tierras y se librara a los esclavos por deudas, condonando las mismas. Los textos recuerdan constantemente que el pueblo fue extranjero, que la tierra pertenece a Dios y que ellos son usufructuarios de los bienes de este mundo. Los hombres somos, según esta concepción, como extranjeros en este mundo, somos, todos, peregrinos. Estamos de paso y todo lo que hagamos lo hacemos para vivir en plenitud no para poseer y acumular. El paradigma de la posesión lleva a considerar al otro como un extraño y a utilizarlo en mi propio beneficio. Mientras que el paradigma del éxodo considera al otro como prójimo y a la tierra como un don que nos ha sido dado para compartir y vivir en plenitud.

jueves, 23 de febrero de 2017

La corrupción, una cabeza de caballo y la postverdad

Cada día que pasa se hace más evidente la presencia de la corrupción en la vida pública española. Podemos pensar que la corrupción ha permeado todos los estratos sociales y se ha instalado con profundas raíces en nuestra sociedad, especialmente en la sociedad murciana, a la que pertenezco y de la que me siento cada vez más abochornado, especialmente por el escaso acento que ponemos en limpiar nuestra sociedad de corrupción. Acabamos de contemplar, impávidos, cómo al fiscal jefe se le metía una cabeza de caballo en su cama, casi literalmente, tras imputar a un político, y el resultado ha sido, no la persecución de los delincuentes, sino la destitución del fiscal. Pero no pasa nada, nunca pasa nada en esta tierra murciana, y eso nos hace cómplices a todos de lo que está sucediendo. Esa es la peor de las corrupciones: que aceptemos que es normal que la corrupción campe a sus anchas. Llegados a este punto, la corrupción social es completa y su sanación extremadamente difícil. Habría que extirpar el mal social de raíz, lo que supone una catarsis colectiva. Para que esta catarsis llegue, deberá acontecer una crisis social descomunal que mueva los sólidos cimientos de una sociedad corrompida. Pero, como cada marrano tiene su San Martín, todo se andará y veremos que a la fuerza ahorcan.

Como dijo San Ambrosio "es la avaricia usurpadora la que ha establecido los derechos privados" (De Officiis, I. 28. 132), la avaricia lleva a la apropiación de los bienes comunes y esto es la corrupción. Así ha sucedido en estos últimos treinta años de neoliberalismo usurpador. Los bienes comunes han sido, sistemáticamente, privatizados para beneficio de unos pocos y sus allegados, familiares o amigos. El resultado es una sociedad putrefacta donde no es el mérito el que determina la posición, sino las relaciones personales y de amistad. Se ha creado una amplia red clientelar, de eso sabemos mucho en Murcia, que tiene apesebrados a una amplia capa social con prebendas y distintos beneficios especiales. Con el dinero público se pagan servicios privados que no aportan nada nuevo al bien común. Se destina mucho dinero a sostener sectores económicos que en una verdadera sociedad de libre mercado serían insostenibles, pero se hace bajo la égida de la libertad, en un claro exponente de lo que ahora llaman postverdad. Como explico en La corrupción no se perdona, la corrupción es un mal que atenaza a España desde, al menos, el franquismo, pero ha llegado a su punto álgido con la aplicación de las típicas políticas neoliberales desde los años noventa.

jueves, 16 de febrero de 2017

El escándalo de la corrupción

Según leemos en la prensa hoy, el actual ministro de justicia, nada más y nada menos que el encargado por el presidente del gobierno para administrar la justicia de España, ha dicho que la prevaricación no es corrupción. Con estas palabras ha pretendido legitimar la decisión del gobierno de indultar a seis funcionarios del ayuntamiento de Rota que han sido condenados por la justicia por prevaricación. Según el ministro de justicia, prevaricar no es corrupción. Es evidente que este señor no puede ocupar ese cargo ni un minuto más, pues lo siguiente será que dar contratos a familiares sin concurso no es corrupción, o que aceptar un "incentivo" por tomar decisiones administrativas tampoco será corrupción. La prevaricación, señor ministro, es el "delito consistente en dictar a sabiendas una resolución injusta una autoridad, un juez o un funcionario". Cuando se realiza "a sabiendas", siendo consciente, eso ya es corrupción. Se ha corrompido una realidad que debería ser prístina, inmaculada. Esa es la corrupción. La corrupción no es solo sacar beneficio económico o de otra índole, es, en primer lugar, destruir un bien y convertirlo en un mal. Solo se puede corromper lo que es bueno, de ahí que la prevaricación sea, en sí misma, una corrupción en su más alto grado. Quizás, si el señor ministro leyera La corrupción no se perdona. El pecado estructural en la Iglesia y en el mundo, PPC, Madrid 2017, se daría cuenta de la supina ignorancia que suponen sus palabras. O, y es lo que creo que en realidad hay detrás de esto, el acto corrupto de un gobierno que indulta a corruptos. Pues el gobierno es consciente, y por tanto indulta "a sabiendas", de que la prevaricación es corrupción.

El gran problema de la corrupción, y es lo que he intentado poner de manifiesto en el libro, es que la corrupción no es un problema personal, no es una cuestión de manzanas podridas, ni tan siquiera de que el cesto de las manzanas esté podrido. No, el problema de la corrupción es que es un mal estructural y sistémico. Es el sistema entero el que está corrompido, de ahí que las personas que están en él sean corruptas, a veces sin quererlo. En sentido general, y según la definición de Transparencia internacional, la corrupción es el uso de un bien común o social en beneficio privado o individual y en detrimento de la sociedad. Por ejemplo, es un caso claro de corrupción cuando desde las administraciones públicas se gestiona lo común para lucro privado de los partidos o de las personas que están en la administración. Este es el caso típico de corrupción pública. También hay corrupción en el sector privado cuando se escatiman los impuestos, que es lo más conocido, pero especialmente cuando desde el sector privado se corrompe a las administradores públicos para que permitan la gestión de lo común a cambio de prebendas. Sin embargo, la corrupción en estado puro no es la que hemos indicado. La raíz de la corrupción está en el uso privativo de los bienes comunes, por eso hablo de un mal estructural.

jueves, 9 de febrero de 2017

Matar a Pablo Iglesias

Justo tras las elecciones del 26 de junio de 2016 (¡Madre de Dios, parece el siglo pasado!), escribí una entrada en mi blog haciendo balance de los resultados. Quien quiera puede leerlo entero, pero aquí dejo el resumen: "Por decirlo gráficamente, todas las apuestas de Podemos se han ido a la mierda con estos resultados. Ahora vendrán las vendettas, las divisiones y la ruptura del proyecto común. Las élites están frotándose las manos. Ha sido un resultado milagroso, como caído del cielo para ellas". Creo que no me equivoqué ni un milímetro. Tras esos resultados se ha destapado la caja de los truenos y la organización anda dividida en luchas intestinas por el control del poder. Los pablistas han conseguido el poder central y posicionarse en algunos territorios, mientras los errejonistas se han hecho fuertes en los medios de comunicación que les dan pábulo con el fin nada oculto de debilitar al líder del grupo. La realidad ha falsado todas y cada una de las apuestas de Podemos: ni son una nueva forma de hacer política, estamos ante la forma tradicional de luchas por el poder, ni traen una representación popular real, pues sus discusiones nada tienen que ver con la realidad del país. Podemos, como dije tras las elecciones de diciembre de 2015, está muerto como proyecto ilusionante y emancipador. Lo único que cabe es una reformulación del proyecto y para eso está Vistalegre II este próximo fin de semana.

Reformular el proyecto exige abandonar la posición de hiperliderazgo y hacer una propuesta de construcción de abajo a arriba de la organización. La máquina de guerra electoral debe ser abandonada si no se quiere caer en un caudillismo que acabe sometiendo la organización entera a los deseos de uno o de un pequeño grupo, una camarilla que posee la razón histórica y que la lleva a cabo mediante decisiones incuestionables e incuestionadas. Para esto, hay que poner en práctica lo que los movimientos latinoamericanos, desde el zapatismo, llevan implementando desde hace más de veinte años: "mandar obedeciendo". Esto es fundamental para transformar la realidad de España. No podemos pretender cambiar la estructura jerárquica y dictatorial de los partidos políticos emulando sus formas de actuar. Mandar obedeciendo es una forma de decir que el poder es un servicio, que todos estamos de paso y que es la comunidad, la sociedad entera quien, en debate serio y profundo, decide qué hacer; no un grupo de iluminados que han visto la luz de la verdad. Mandar obedeciendo es la única manera de gobierno verdaderamente democrático, donde el que está al frente acata lo que han decidido todos, incluido él mismo, como un instrumento de la voluntad popular, no como un peluche o un actor. La disyuntiva que plantea Iglesias es falsa: "yo solo puedo liderar con mis ideas". No, tú eres líder porque te eligen y solo por eso debes llevar a cabo el mandato del pueblo. El pueblo manda, los líderes obedecen.

Pablo Iglesias debe aplicarse a sí mismo lo que dijo en su día de Felipe González sobre el pulso al aparato del PSOE por la eliminación del marxismo como referencia. Si amenazas con irte si no se aplica tu política, ahí tienes la puerta. Pablo Iglesias se ha convertido en líder iluminado que quiere guiar al pueblo hasta la salvación, pero no hay salvación mediante el uso del poder que no sea un servicio, y solo es un servicio si las ideas, las personas y las decisiones se toman entre todos, por consenso, en debate franco y abierto. Tras esto, los líderes aplican las decisiones. Creo que ha llegado el momento de que Podemos, como Abraham, sacrifique al hijo predilecto, el hijo de la promesa, a Pablo Iglesias. Y aunque en el último momento el cuchillo sea detenido por el ángel del Señor, el hijo ya habrá muerto en el corazón y será uno más, un hermano entre hermanos, un igual entre iguales.

martes, 7 de febrero de 2017

La corrupción no se perdona

Son demasiados los casos de corrupción que se destapan a diario en los últimos años en España y no parece que la corrupción pueda atribuirse a simples prácticas individuales, por mucho que la calidad humana de las personas influya en los episodios de corrupción. Cuando una persona corrompe o se corrompe pueden influir muchos elementos en su decisión, entre los que no son menos importantes un cierto asentimiento social al hecho en sí, la educación recibida o la falta de controles legales o administrativos. En todos estos casos estamos hablando de una estructura que permite, avala, consiente o, hasta instiga, la corrupción. Es evidente que si una persona es íntegra, nada de eso le llevará a cometer la corrupción, pero cuando se ponen todos los medios para que la corrupción sea producida hablamos de un mal sistémico y estructural. Esto es lo que me propuse investigar en el libro que acabo de publicar en PPC: La corrupción no se perdona. El pecadoestructural en la Iglesia y en el mundo, Madrid 2017, 122 pp.

Para llevar a término el propósito del libro, divido la obra en cuatro capítulos. En el primero pretendo ver qué piensa la Biblia sobre la corrupción, diferenciando entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Me centro en los textos legislativos del Éxodo y Levítico, que pretenden legislar para evitar la injusticia, para pasar a profetas como Amós, Miqueas o Ezequiel que realizan una crítica a los gobernantes que conculcan el derecho y la justicia como elemento de corrupción, y terminar con la visión serena de Qohelet, quien asume la injusticia del mundo en que vive y constata la corrupción existente.

jueves, 2 de febrero de 2017

Teología y compromiso sociopolítico

El próximo martes 7 de febrero estaré en la Cátedra de Teología contemporánea de la Fundación Universitario Chaminade para impartir una conferencia dentro del curso "Teología desde las víctimas". Antes me han precedido gente como Pikaza o Mª Ángeles López Romero y después de mí habrá otros como Sebastián Mora o José Laguna. Se trata de un curso muy intenso sobre una realidad que no solo es de actualidad, las víctimas, sino que debe ser pensada por la Teología, que es de lo que se trata aquí. A mí se me encargó un título muy interesante "Teología y compromiso sociopolítico". Para quien quiera asistir, el acto tendrá lugar a las 19:30 y aquí dejo una pequeña introducción a mi conferencia.

Hablar de compromiso sociopolítico de la Teología puede llegar a sonar hoy como a algo del pasado. Después del Concilio Vaticano II, antes también, pero especialmente después, se abrió en la Teología la senda del compromiso con el mundo, como esa categoría que había sido denostada en la teología oficial que arrastrábamos desde mucho antes de Trento, desde Constantino si apuramos. Se trata de un conjunto de teologías que recuperan la experiencia humana, la carne, en medio del mundo social y natural. Hablo de las teologías de la historia que tienen en Cullmann y Pannenberg, dos protestantes, a sus más insignes representantes. Hablo de las teologías de la esperanza con Moltman a la cabeza. Y también hablo de las dos principales teologías comprometidas con la realidad social y política del momento: las teologías políticas y las teologías de la liberación.

Para estas teologías, la categoría de compromiso está bien asentada, pues la Teología no puede desentenderse de la realidad humana compleja que incluye tanto lo natural como lo social, especialmente esto último. En la sociedad se hacen los hombres tales, de ahí que el compromiso sociopolítico sea una parte fundamental del propio quehacer teológico. No es que el teólogo deba comprometerse como tal, eso también, sino que la misma Teología debe adoptar un compromiso sociopolítico. En el caso de las teologías políticas, por la emancipación de los hombres de las cadenas que lo atenazan en la sociedad moderna. En el caso de las teologías de la liberación se trata de liberar al hombre en tanto que pobre oprimido por una organización social específica. Por eso, la Teología debe comprometerse con las realidades concretas a fin de destapar, función crítica, las ataduras sociales del hombre y crear, función práxica, las condiciones para la liberación/emancipación de los hombres. Pues existe un «hilo invisible» que une todas las injusticias y exclusiones de este mundo, como dijo Francisco a los Movimientos Populares en Bolivia[1]. Este hilo es la injusticia estructural que compone un sistema que debe ser modificado de forma estructural, de ahí que la Teología tenga la labor de pensarlo y realizar las propuestas para su transformación.

miércoles, 25 de enero de 2017

Posglobalización: la continuación del expolio mediante la guerra.

La toma efectiva del poder por parte de Trump deberá ser considerada en un futuro cercano como el momento preciso de la transformación de la globalización en posglobalización. Este término viene a designar los tiempos en los que el proceso neoliberal desregulador ha llegado a un punto de inflexión, pues su máximo exponente, Estados Unidos, abandona el liderazgo del proyecto y China, por fin China, se aúpa al primer puesto mundial de los liberalizadores de la economía. Resulta paradójico que el mayor país que se llama a sí mismo oficialmente "comunista" sea el que lidere la aplicación de las políticas neoliberales capitalista globalizadoras, pero son las contradicciones de la historia que un Hegel explicaría a la perfección. 

Veamos. China empezó a abrir su economía al capitalismo a finales de los setenta, pero sobre todo en la década de los noventa, cuando empezó a inundar de productos baratos el mundo entero. Las grandes empresas de manufacturas aprovecharon la liberalización global de la economía para deslocalizar su producción y llevarla al gigante asiático, con más de 600 millones de trabajadores listos para ser explotados. Y así lo hicieron, a conciencia. El gobierno chino aplicó la máxima de Mao: "las personas no importan, solo las máquinas y las armas" y consiguió, mediante la explotación de su población, que la tecnología y el conocimiento de Occidente entrara gratis al país, a cambio de unos salarios de miseria y unas condiciones legales absolutamente permisivas. Con esta fórmula, China ha ido ganando posiciones dentro de la economía global. Una clase capitalista compuesta por 100 millones de chinos se dedica al enriquecimiento a costa de sus conciudadanos, del medio natural y de las condiciones de la globalización neoliberal. Poco a poco han conseguido posicionarse en todos los ámbitos financieros y en el sistema productivo global, de modo que ya son primera potencia en telecomunicaciones y en producción industrial pesada. China tiene el segundo mayor PIB mundial, a muy poco de superar a USA y concentra la mayor mano de obra dócil y preparada del mundo: más de 200 millones de personas concentradas en el sureste chino para asaltar la era de la robótica y el conocimiento. China es, hoy, el país puntero del capitalismo neoliberal.

miércoles, 18 de enero de 2017

Hineni, hineni. I'm ready my Lord.

Estas navidades me ha acompañado el último disco de Leonard Cohen, un disco "testamento", pues nos dejaba poco después de su publicación. Es un disco intimista, duro, cargado de pesimismo, pero abierto a la esperanza. Es un disco netamente judío donde la voz del profeta asoma en letras oscuras que quieren romper el alba de la historia, pero contemplan la degradación del mundo en que vivimos. El tema más conocido You want it darker (Lo quieres más oscuro), es una oración del hombre ante su Dios con el que constata que la vida, la existencia, el mundo en el que desarrollamos nuestra experiencia es un mundo enloquecido. Si Dios nos ama, ¿por qué no interviene ya y nos salva de la miseria en que vivimos? La respuesta del orante es Lo quieres más oscuro. Apagamos la llama. Es la situación de quien se sabe inmerso en el pecado del mundo, porque yo también formo parte de los que aprietan el gatillo contra la fila de prisioneros, o de los que miran a otro lado ante el drama de los refugiados, o de los que no levantan la voz contra la barbarie controlada. Y Dios, Dios también es culpable. Nos dice la letra: si Tú repartes las cartas, déjame fuera del juego, si Tú eres el que cura, yo estoy roto y cojo, si Tuya es la gloria, mía es la deshonra. Dios también toma parte en este mundo de dolor y sufrimiento, nos dice. A Él también hay que culparlo de todo lo que sucede, pues Él es quien da las cartas. Sin embargo, el grito del orante resplandece ante tanto dolor. Cuando Dios llama, el siervo solo puede decir: Hineni, hineni (en hebreo, aquí estoy, aquí estoy, es la respuesta del profeta Samuel ante la llamada de Dios). I'm ready my Lord, Estoy preparado mi Señor

                 There's a lover in the story                                 Hay un amante en la historia, 
                 But the story's still the same                              pero la historia sigue siendo la misma.
                 There's a lullaby for suffering                            Hay una nana para el sufrimiento, 
                 And a paradox to blame                                    y una paradoja a la que culpar.
                 But it's written in the Scriptures                         Pero está escrito en las Escrituras,
                 And it's not some idle claim                              y no es ninguna afirmación inútil.
                 You want it darker                                            Quieres más oscuridad, 
                 We kill the flame                                               apagamos la llama.


viernes, 30 de diciembre de 2016

Asignatura pendiente: amar nuestra patria.

Utilizando el símil escolar, el año que acaba nos deja las mismas asignaturas pendientes que el curso anterior, el 2015. Hemos perdido un año entero viendo si eran galgos o podencos. Y ha pasado lo que tenía que pasar, que seguimos en las mismas. Ninguno de los problemas acuciantes que tenemos se han resuelto e incluso se han agravado, ayudados por el calmante inyectado en vena por parte del Banco Central Europeo. Es necesario recordar que, allá por el año 2012, la economía española estaba en la UCI (utilizo a propósito la metáfora que tanto gusta a los economistas neoclásicos), a punto de perder las constantes vitales. Era cuestión de meses que España entrara en suspensión de pagos, con una deuda pública de más de 800 mil millones de euros y prima de riesgo por encima de 500 puntos básicos. Esa era una situación extenuante para las arcas públicas, pues por mucho que creciera la economía no habría manera de pagar tales tipos de interés. Pues bien, cuando Merkel se cercioró de que el nuevo gobierno seguiría la senda que le marcaba, cuando pidió el rescate de la banca española, solo entonces dio orden al Banco Central Europeo para que metiera en vena las transfusiones necesarias para sostener la economía española. Dicho de otro modo: solo cuando el gobierno aseguró que pagaría su deuda con el Deutsche bank, Alemania permitió que se aliviara la situación española, pues el rescate a la banca española es un rescate indirecto a la banca alemana, como sucedió con Grecia.

 Y aquí tenemos los males de la economía española, pero ahora multiplicados por diez. El nuevo gobierno de 2012 accedió con la promesa de recortar la deuda, porque argumentaban que no puede haber crecimiento económico con una enorme deuda, y tenía razón. Es necesario sanear las cuentas públicas. Pues bien, en cuanto vieron venir el río de millones transfundidos a las entidades financieras españolas y la compra de activos de deuda soberana del BCE, se acabó toda la preocupación por la deduda. En cinco años la deuda pública española se ha disparado. Todo el crecimiento económico que vemos en este tiempo es a deuda, por tanto falso. Ahora tenemos más deuda, el mismo déficit y menos capacidad propia para la generación de riqueza, pues se ha destruido capacidad industrial y los empleos que se crean son de escasa productividad. En resumen, estamos mucho peor de lo que estábamos antes de 2012. Pero lo peor es que creemos estar mejor. Los medios de comunicación no paran de lanzar las campanas al vuelo con la superación de la crisis. El discurso del Rey en Nochebuena fue la constatación de que el discurso oficial da por superada la crisis. Por tanto, volveremos a las andadas: fomento del gasto innecesario, inversión improductiva y, cómo no, otra vez la especulación. Los bancos ya están en ello. Apenas hemos pagado la ronda anterior entre todos y ya se está preparando la ronda siguiente. Por supuesto, que todos pagaremos a escote.
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